La obra de Fierro dista un poco de sus colegas, pues sus versos resultan más rígidos, a la vez que evidencian su exquisito gusto por las artes y su obsesión por la literatura, haciendo, por ejemplo, alusión a la obra de Dante y de las aventuras del Quijote.
Aunque nunca salió de Ecuador, sus lecturas de la mitología, del arte, la cultura y la música, así como el dominio del francés, trascendieron su obra, demostrando su amplísimo conocimiento.
Sus poemas tienen un evidente corte melancólico y de nostalgia por épocas lejanas, sin que esto significara que se considerase un poeta maldito, pues su búsqueda por la belleza lo lleva a explorar otros matices.
Por esto sus versos tienen cierto brillo de esperanza, de deseo de vivir y un culto a la belleza que le dan una cadencia particular.
Si bien fue el único de los poetas “decapitados” que logró vivir los distintos cambios de la sociedad ecuatoriana en medio de la violencia, la crisis y la pobreza, coincidió con sus compañeros en que su literatura escapa de esa realidad.
